Raúl Regaño

Placa Sioux.

27 enero 2024
Era mi segunda salida con la sección de montañismo del club. Había llegado la noche de antes para disfrutar de esa maravillosa sensación de dormir acurrucada bajo el saco de plumas y con las montañas como testigo, imponiendo ese respeto inquietante que tanto nos enamora a los que nos gusta pasar tiempo rodeados de ellas.
Aún no había salido el sol cuando tocaba levantarse. Apenas rozando el amanecer aquellos paisajes helados de La Pedriza, empezaron a llegar el resto de compañeros… Óscar, Ana, Vasya, José Antonio, Miguel, Raúl y los dos Gabis. Lito, nos faltabas tú.
Revisamos llevar toda la cacharrería necesaria en nuestras mochilas, un último vistazo al mapa y arrancamos dirección “por donde no se puede”, la premisa más importante y que hay que tener muy presente si quieres unirte a este grupo de cuerdos aventureros.
La misión es siempre la misma, avanzar por zonas complicadas asegurándonos cuando sea necesario y aprendiendo a pensar cada paso con calma. Creo que nos gusta porque nos exige centrar nuestra mente en una única cosa: superar los obstáculos y superarnos a nosotros mismos. Cuando estás en la montaña parece que el resto del mundo desaparece, como si todo quedase muy lejano. En mi caso, esto me aserena, me enseña a agachar la cabeza y a apretar los dientes, me dibuja una sonrisa cada vez que consigo un pequeño logro y me reta a mejorar y a pulir, aunque sea sólo un poquito, todas mis imperfecciones. Supongo que el resto sentirá algo parecido.
El pasado domingo vivimos momentos para guardar en nuestra mochila de vida. Algunos de tensión, otros de orgullo por el buen equipo que hacemos. Pero lo que más me gustó, fue sentirme protegida por el resto pese a la exposición a la que nos sometemos en estas salidas. Con ellos cerca se respira confianza, y me encanta. Cuando las miradas lo dicen todo, sólo queda darnos un abrazo tras el ultimo paso complicado (¡bravo Ana!), felices y sonrientes por volver a casa enteros y con algo que contar a los que nos esperan allá abajo, en aquel otro mundo tan diferente del que se mueve por las alturas.
Ya con unos refrescos en mano, llegó Pilar, con su alegría tan característica y uno de sus abrazos que siempre saben a hogar. Nos trajo unos tuppers con empanada y unos bombones con los que endulzar las historietas que, emocionados como niños, contamos con ilusión y brillo en los ojos.
¡Gracias a todos! ¡Hasta la próxima!
Laura.

0 comentarios