Una breve presentación para situarte. Realizamos una salida del grupo senderista entre Bustarviejo y el Puerto de Canencia; pudimos disfrutar de muchos paisajes distintos, tantos como miradas de cada uno de nosotros. La afición a la acuarela de Mónica Pina, socia del club y partícipe de estas rutas, hizo que nos propusiéramos escribir unos párrafos. Esto es lo que nos sugiere un momento detenido en una imagen y pasado por el filtro de la acuarela. Son…

 


 

DOS MIRADAS a “Parte del bosque”

 

Grupo senderista Tierra Trágame por el pinar de Canencia

 

Verticales y verticales, metros y metros de altura; más de diez, once, doce. Se desnudan de corteza según crecen y captan el color de la arcilla que usábamos de niños para hacer ceniceros el día del padre. Son inútiles las ramas que no reciben la luz, su solución es la amputación natural. El pino silvestre tiene su supervivencia asegurada si crece rápido, directo al cielo, con vigor. Citius, altius, fortius.

La luz del sol se filtra entre la arboleda, cualquier resquicio es óptimo para dar vida al sotobosque. Los sagaces helechos lo saben y cubren el suelo, compiten entre ellos por ser el más verde brillante, tener las mayores hojas y así captar un segundo de nuestra atención.

Miles de años de adaptación al medio nos rodean cuando descendemos por ese sendero. En ese momento todos los elementos se conjuran para que seamos felices. Lo desconocemos pero lo sentimos, lo sentimos de forma inconsciente. ¿Todavía te preguntas por qué sonreímos?

Julio Prieto

 

Acuarela Parte del bosque

 

Llegué a casa y después de una ducha y ponerme cómoda, me puse a pintar…pero tras un buen rato y un par de descartes, lo dejé, y pensé “mejor otro día, quizá hoy estoy cansada”. En acuarela, como en cualquier actividad que se hace con las manos, es necesario ser paciente y prestar atención plena, si no habrá que repetirlo, y eso es lo que me estaba pasando. Así que volví a revisar las fotos que habíamos enviado al grupo de WhatsApp, y decidí cambiar la imagen de referencia, como segunda opción elegí esta otra, la del bosque, donde estábamos todos, donde se ve lo pequeños que somos en comparación con la naturaleza, en donde los verdes se funden con los tonos tierra, en donde se ven árboles gigantescos a doquier, en donde las luces se filtran para recordarnos que existen las sombras (y tenía claro que allí irían mi índigo y mi gris de payne), y donde un cielo discreto lo enmarca todo aunque casi no se distinga. Y así elegí la imagen, sin más.

Al día siguiente, me puse a ello. Sólo hacía falta dejarlo fluir. Te dejas llevar y va saliendo, sin prisas, dándole al agua sus tiempos. Primero ese cielo velado, parece que no hay, pero es mi primer plano a plasmar y una de las bases…espera, dale tiempo al agua, debe estar seco antes de continuar… después vinieron los troncos…suave que permita una segunda tonalidad y sin olvidar las luces. Llegan los verdes, empezando por la lejanía, y poco a poco van apareciendo los arbustos, las ramas, el grupo de los Tierra, y por último las flores, ¡no podían faltar las flores!

La técnica de la mancha en acuarela se basa en eso, en manchas. Para percibir es necesario alejarla, sino no veréis nada. Es la única forma de captar la esencia de la obra, es permitir al cerebro que interprete las manchas. Y os aseguro que lo hace.

Tal vez penséis que podría haber dado más intensidad al grupo de los Tierra, es cierto, con otra capa de pigmento hubieran tomado muchísimo más protagonismo dentro de la acuarela, pero no quise. Me gusta pensar que formamos parte del bosque, aunque sólo sea por unos instantes, y eso traté de reflejar.

En definitiva, si al separar la acuarela ¿veis un cielo? ¿Veis árboles? ¿Veis un bosque?   ¿Veis un grupo de senderistas? ¿Incluso llegáis a intuir la camiseta de los Tierra? ¿O la gorra verde de Julio? ¡Mi objetivo se habrá cumplido!! Para los que estuvimos allí es un bonito recuerdo. Y para mí personalmente es un placer poder compartirlo con todos vosotros.

Mónica Pina