Esta salida senderista no es como las habituales que programamos. Es viernes, no domingo; son las 18:30, no las 8:00. Efectivamente, una salida nocturna.

Nos encontramos en el aparcamiento de La Jarosa, un lugar con multitud de posibilidades para hacer senderismo, trail run y bici de montaña.

Lo primero que nos proponemos antes de comenzar la caminata es dar unas pequeñas pinceladas sobre cartografía, orientación, botiquín, materiales… Son 10 minutos para que todos nos vayamos familiarizando con términos, resolviendo dudas, descubriendo el entorno. Todo esto tiene el objetivo de que cualquiera de nosotros podamos salir al monte con seguridad y total autonomía.

Charla previa a la salida

                Atentos, muy atentos… hablamos de las escalas cartográficas, lectura del mapa y la orientación

Después de esto nos ponemos en marcha todos, seguimos el comienzo del camino marcado por el Ayuntamiento de Guadarrama como Ruta del Agua; rodeamos el embalse y alguna que otra vaca que nos mira tranquilamente. Remontamos el Arroyo de la Fuente del Polvorín, nuestra referencia para orientarnos durante parte del camino. Ya aparece algún repecho que no hace presagiar una parte el desnivel que encontraremos a partir de ese momento.

Llegamos a un punto en el que abandonamos la muy cómoda pista forestal y nos introducimos por un pequeño sendero bucólico; aquí somos los invitados de los pinos, jaras y rosales. La temperatura es ideal para festejar el final del verano pero ya notamos que quedan pocos minutos de luz para que tengamos que encender los frontales. Desde que seguimos este sendero sumamos metros y metros de desnivel positivo, como el ritmo es factible para todos ni se notan los 200… 300 metros…

Por fin, el momento en el que el sol se acuesta y nos enfundamos el frontal para continuar; aprovechamos un pequeño llano para hacerlo y dar un trago al agua. Dos minutos y seguimos con lo nuestro. El grupo sigue relajado y charlando.

Yo sé lo que se avecina y sonrío en la oscuridad sin que tengan el menor conocimiento… ¡jajaja! 😀

Sin que haya aviso previo entramos en un tramo empinado, muy empinado; el ritmo baja y con cada paso sumamos desnivel. Llega el momento deseado de darse la vuelta en la oscuridad y preguntar: “¿Estáis bien que vais callados? ¡No se os oye hablar!” Solo se ve un ciempiés de luces por detrás, una por debajo de otra, y al fondo la ciudad de Madrid iluminada.

Va a merecer la pena porque poco a poco llega todo el grupo al final de la parte más vertical del recorrido; solo hay que girarse 180 grados y…

Sí, eso es. Tenemos a nuestros pies el Valle de los Caídos, al ascender entre la vegetación y quedar siempre por detrás no se ve pero ahora quiere asomarse para asombrarnos.

Podemos descansar unos minutos para comer y beber algo, también hacer algunas espectaculares fotos para el recuerdo. Pero todavía tenemos cosas que hacer, el objetivo principal es hollar la cumbre de La Carrasqueta (1649 m). Para llegar hasta allí hay que sortear “falsas cumbres” que tapan la vista y siempre nos hacen pensar que hacemos la cumbre principal; a esto le sumamos que es noche cerrada y bien cubierta de nubes tormentosas.

Atravesando uno de estos riscos que hacen creer que hacemos cumbre

Tenemos nuestra ración de pequeñas trepadas nocturnas para atravesar los riscos “falsa cumbre” que se interponen en nuestro camino. Pero ya queda poco y no es nada comparado con lo superado, en breves minutos pisamos la cumbre de La Carrasqueta; ahora sí que sí. A nuestros pies, casi 600 metros más abajo, intuimos el embalse de La Jarosa; un poco más allá las luces de Guadarrama, Villalba, la serpiente de la autopista de La Coruña que nos conduce hasta Madrid.

Y aquí va una foto, ¡conseguido!

Irradiando felicidad en la cumbre

Ya está hecho la mitad del trabajo que nos hemos planteado para esta noche, queda descender de forma muy directa por un gran cortafuegos que casi nos dejará en el aparcamiento de La Jarosa.

Como nos faltaba la sesión de agua en esta salida nos alcanzó parte de la tormenta que se vislumbraba en la vertiente segoviana y abulense, al aire hacía que nos golpearan grandes gotas de agua y que nos pusiéramos el impermeable. ¡Cómo se nota la temperatura y el aire en las zonas altas! 

Eso sí, nuestra tradicional parada para comer y beber no nos la quita nadie. Así que después de descender 300 metros llega el momento de quitarnos la mochila y llenar el buche; estamos en un lugar ideal de pradera y pinos. Después de esto la decisión está tomada, nos desviamos de esta bajada directa para agarrar la pista forestal que también nos llevará al aparcamiento. Vamos a hacer más kilómetros, sí, pero nos ahorramos que las rodillas nos llamen la atención por ese gran esfuerzo en el descenso.

Así que, paso a paso y charla tras charla, llegamos tranquilamente a nuestra meta real. Salir, hacer cumbre y terminar felices y contentos. Justo a las doce de la noche y tras cinco horas de senderismo.

¿Cómo resultó el recorrido? 13 kilómetros y 600 metros de desnivel positivo.

El grupo estuvo formado por Carmen, Anne, Mónica, Patricia, Susana, Alberto, Chelo, Elvira, Ana, Paloma, Belén, Charo, Gabriel, Raquel, Pepe, Silvia, Mario, Óscar y Julio.