MI PALABRA ES LA LEY

…una piedra en el camino me enseñó que mi destino era rodar y rodar; también me dijo un arriero que no hay que llegar primero pero, que hay que saber llegar…

Hay mañanas de sábado de Marzo, bajo un sol que acaricia y acompaña en la montaña, ese sol que hace sonreír sin ser consciente. ¡Es tan agradable y suma tantos buenos recuerdos a la vida!

Pues una de esas mañanas de sábado de Marzo nos juntamos cuatro amigos, cuatro guías de montaña, cuatro vidas cercanas. Berto llega de Galicia, Marta de Cerceda, Fabián de San Lorenzo de El Escorial y yo de Galapagar; es una ocasión que desencadenará una travesía grandiosa. Ascendemos desde el Puerto de Guadarrama hacia La Gamonosa… hacia Cabeza Líjar… apurando la charla…

Hace unas semanas que se me ha metido en la cabeza una ruta, circular, con ascensiones, con descensos, con cumbres míticas, paisaje verde pino, roca gris de granito y gneis. Cuando nos tomamos un descanso me giro y la vista es ese trazado que me imaginé sobre el mapa. Como quien no quiere la cosa se lo comento a los amigos, casi con la intención de que me animen y lo haga realidad.

Y sí, mi palabra es la ley. El 1 de Mayo de 2021, el grupo de Senderismo del Club Tierra Trágame está dispuesto a rodar y rodar.

Valle del Río Moros

Antes de las 7 de la mañana (¡a las 6:30!) en el Puerto de Guadarrama estábamos Óscar, Paco y yo esperando al resto de la expedición. Poco a poco fueron apareciendo con muy buena sintonía, con ganas de empezar y conocer qué nos depararía el día. Nos hicimos la idea rápidamente porque ya sabíamos que había nevado por la noche, el puerto estaba cubierto de niebla y corría algo de viento. Comprobación del material obligatorio para una larga jornada y dudas de última hora; entre 10 y 12 horas más tarde tenemos pensado regresar.

Los primeros kilómetros nos sirven para entrar en calor, estamos concentrados porque empieza a amanecer pero no asoma el sol por ninguna parte; no nos sobra ninguna capa de ropa.

Superamos el Cerro de la Sevillana (1556 m)… Cerro de Matalafuente (1673 m)… Peña del Cuervo (1705 m)… Cerro del Mostajo (1717 m)… Y ahí aparece esa pared quebrada del Alto de La Peñota (1945 m). La nieve ya nos acompaña en nuestros pasos, nieve virgen de esa madrugada. Cuando se dice que una imagen vale más que mil palabras es porque no se puede expresar en unas líneas lo que ya estamos sintiendo.

ascenso a La Peñota

Pasos seguros para hollar La Peñota, es nuestro terreno.

Por supuesto, lo conseguimos. Hollamos la cumbre azotados por el viento, el frío y nuestra alegría. Descenso directo al Collado de Cerromalejo (1774 m) donde casi quiere saludarnos el sol, son ya 7 kilómetros que vamos descontando a nuestro reto. ¿Qué nos queda? Ascensión a Peña el Águila (2009 m) y una bajada larga al primer punto de descanso, el Collado de Marichiva (1753 m). Podemos aprovechar a quitarnos la mochila unos minutos para recargar energía con nuestros frutos secos, chocolate y fruta. Como si estuviera contratado para este momento el sol aparece y calienta un poco, ¡por fin!

collado de Marichiva

Un tercio del recorrido y nos tomamos unos minutos de descanso.

¡Vamos, adelante, seguimos! Sabemos que tenemos por delante unos kilómetros exigentes; el tiempo es cambiante, entran y salen las nubes cargadas de malas intenciones.

Enfilamos la subida entre el pinar por los senderos para llegar a pisar el punto más alto de Peña Bercial (2002 m) y continuar sin más dilación al próximo Cerro Minguete (2023 m). A nuestros pies el collado y por encima de nosotros Montón de Trigo (2161 m). Algo se barrunta al acercarnos al collado, hemos llevado un ritmo más tranquilo de lo esperado; nos pasa factura el terreno nevado en las ascensiones. La decisión es rodear la mole del Montón de Trigo hasta el Collado de Tirobarra (1984 m), desde luego que es acertado pero… ¡volveremos para hollarte!

LA MUJER MUERTA

Ya tenemos en mente esa larga subida, bastante sostenida a La Pinareja (2197 m). Cada vez vemos un poco más cerca la cumbre, nos esperamos para finalizar juntos y hacernos una foto de grupo en el punto más alto de la jornada.

cumbre Pinareja

¿Cómo no vamos a desplegar nuestra bandera en la cumbre de La Pinareja?

¿Qué hemos recorrido hasta este momento? ¿Qué nos falta por recorrer? De un vistazo podemos hacernos la idea de lo que estamos consiguiendo. Paso a paso. Rodar y rodar.

vista desde La Pinareja a valle del río Moros

De allí venimos y hacia allá vamos.

De nuevo, a nuestros pies tenemos el collado. Está soleado, algo resguardado del aire frío. Bajaremos para comer allí, necesitamos recuperar fuerzas y llenar los depósitos. Un descenso lento por las rocas sueltas, la nieve que las cubre y algo de hielo en la huella. Según nos acercamos nos acechan unas nubes negras, el aire se convierte en viento… ¡ventisca! Comienza a clavarse como agujas ese pequeño granizo. Más que rápido nos ponemos los cortavientos, guantes, gafas… Tenemos que salir de allí y será ascendiendo. Advertencia, nadie se puede despistar, uno detrás del anterior sin perderle de vista. Somos grupo, somos equipo.

Ascenso Peña El Oso

Serán 15 o 20 minutos lo que nos lleva dejar atrás la ventisca pero ya no podemos detenernos, hay que llegar a Peña El Oso.

El esfuerzo del día empieza a pasar factura, kilómetros, ascensos, descensos, ventisca, nieve… y necesitamos comer y beber. Antes de nada tenemos que pasar por esa otra cumbre mítica de La Mujer Muerta que es Peña El Oso (2196 m); por supuesto que nada ni nadie nos quita la ilusión de llegar hasta aquí. Para algunos es la primera vez y es nuestra obligación hacer la foto de grupo, ¡cómo nos gusta!.

Peña El Oso

La pareja de osos aguantaron la cencellada y sonrieron a nuestro grupo.

Ahí abajo, a lo lejos se ve que está soleado, hay pequeñas praderas verdes… nuestro próximo objetivo para comer, para devorar. Paso a paso, descendemos; sigue frío el día pero el sol nos llama para lo que nos importa en este momento. Tenemos la oportunidad, un lugar soleado y parece que el viento ha parado. ¡A comeeeeeer! Ahora sí que estamos contentos, sacamos nuestras mejores viandas preparadas con esmero la noche anterior. ¿Quién se resiste al queso, tacos de jamón, empanada, cecina, zumo de uva…? Parece que a esto hemos estado esperando horas y kilómetros.

Una racha de viento nos recuerda que estamos aquí con otro objetivo. Recogemos y recuperamos nuestro trazado del día. Tripa llena, corazón contento.

Ya vemos que el sol nos va a seguir acariciando el resto de la jornada, así que pasamos por el Pico de Pasapán (2001 m) sin aminorar la marcha para llegar a otro hito, el Puerto de Pasapán (1843 m). Sí, estamos descontando kilómetros.

Puerto de Pasapán

A pesar del sol no nos sobra ni falta una capa de ropa.

“Solo” nos queda cruzar de lado a lado el valle del Río Moros, como 13 kilómetros. Vamos a ello, tenemos casi 600 metros de descenso hasta el el cauce del río. Poco a poco avanzamos pero tenemos tiempo para pasar por las cumbres del Alto del Casetón (1728 m) y el Cerro del Retamarón (1527 m); por momentos pesan las piernas, debemos frenarnos ante esa bajada por la pista. Estamos más relajados porque vemos cerca el final de nuestro reto. En un momento se escucha el rumor de agua que corre, debe ser el río Moros… ¡sí! 

Como premio descansamos 10 minutos para estar “frescos” en la subida final. Ahora todo es verde, húmedo, fresco. Charlamos tranquilamente, relajados, con renovadas fuerzas. 

Nuestros pasos ya nos dirigen por el pinar, con su mullida pradera. ¿Quién se acuerda de los kilómetros, de la nieve, de las trepadas…? Se nos han llenado los ojos de paisajes, de compañerismo, de conversaciones.

Pinar Valle río Moros

Y solo queda finalizar el día…

 

Para empezar, seguir y terminar este recorrido hemos realizado 35 kilómetros y 1910 metros de desnivel positivo.

Los expedicionarios de la jornada fuimos Alberto, Anne, Belén, Chelo, Ibon, Jeffrey, José Luis, Julio, Luismi, Olivia, Óscar, Paco, Paloma, Patricia y Sergio.

Mapa Circular Valle Río Moros