Incertidumbre ante las expectativas

Nuestra primera experiencia. Expectantes todos y yo con cierta carga de responsabilidad que hacia aflorar los nervios que ayudan al éxito. Predisposición del grupo, magnifica, como lo fue el día. No sé si fue el de México, pero algún dios se dedicó a llover los días anteriores sobre nuestra ruta y hubo que retrasar la salida varias veces. Finalmente, sol en una atmosfera prístina que invitaba a compartir. El espíritu alerta, la emoción a flor de piel. ¿Qué nos deparara el día? Poco a poco una cercanía casi familiar envolvió al grupo. Después, paulatinamente, la libre expresión se abrió paso y el compartir se hizo verbo. Inspirados en esa atmosfera, abajo podéis leer una serie de haikus1 dedicados a nuestra primera experiencia juntos que, con mejor o peor fortuna por parte del autor, tratan de describir el camino compartido.

1El haiku es un género poético de origen japonés. Los haikus se escriben, según la tradición, en tres versos sin rima, de 5, 7 y 5 sílabas, respectivamente. Suelen hacer referencia a escenas de la naturaleza o de la vida cotidiana, y a menudo incluyen una referencia a una época o momento del año (kigo).
1. Juntos nos vamos – el día nace – luz en el cielo   2. Extraños al comienzo – prístina atmosfera – caminando y sintiendo   3. Conociéndonos – ¡por fin! Será hoy – azul profundo
 4. Susurros de agua – gorjeo de aves – unión y emoción   5. Turbulentas son ellas – las placidas praderas – el fin está cerca   6Verdes mezclados – nuestro ágora – lo conseguimos

 

Arrancamos

Partimos del parking de Las Presillas. Área recreativa formada por una amplia pradera y diferentes presas que retienen las cristalinas y gélidas aguas del río Lozoya, dando origen a varias piscinas naturales. Las miradas se cruzaban tratando de identificarnos y con un primer vistazo escudriñar las primeras sensaciones. Listos todos, comenzamos a caminar entre comentarios sobre cómo se iba a desarrollar esta actividad y risas que denotaban el relax que proporciona un día ideal para llevarla a cabo. Íbamos prácticamente solos. Ventajas de madrugar y ser los primeros en la apertura del parking.

El camino, como tal, tiene pocos atractivos. Es una pista forestal que no sugería nada. Otra cosa eran los alrededores. Naturaleza en estado puro. La verdad es que no estaba claro que orden seguir entre los asuntos que quería tratar. Tenía a mi disposición el “cuaderno técnico” que veréis en estas páginas y que me serviría de chuleta si la memoria flaqueaba y el “cuaderno de campo” que ya conocéis. Me limitare a dar alguna explicación del orden/asunto en el que se desarrolló la actividad sin profundizar en cada uno de sus apartados (geología, fauna, etc.) dado que lo podéis ver en estas mismas páginas.

La génesis del del valle (su alumbramiento geológico)

Parecía que lo más lógico era comenzar por el nacimiento del vale. Por cómo se gestó la base del ecosistema donde nos encontrábamos. Responder a algunas preguntas como: ¿Cómo fue posible? ¿Qué fuerzas lo moldearon? Contrariamente a lo que podamos pensar, no fue el rio Lozoya el que diseño el valle, aunque en la mayoría de las ocasiones sean los ríos los que lo hacen. Fue la tectónica que a modo de teclas de piano elevo unos bloques y hundió otros. Ese fue el origen geológico del valle. La mayor curiosidad de este valle que revelan sus sedimentos en la cota del rio, es que estuvo cubierto por lo que se llamó el mar de Tetis hace ya 440 m.a. Como es obvio, este detalle generó expectación en el grupo. Desde una zona ya elevada sobre la ladera que nos llevaba hacia las cascadas, parada para ampliar información. Hacia el N-NO pudimos ver el vigilante enhiesto de Peñalara (2.428 m) y su cresta acuchillada de Claveles. Mas al norte, los Montes Carpetanos, y al sur Cuerda La rga, la Morcuera y la Cabrera. Alguien hizo votos por subir a Peñalara, veremos.

Biodiversidad: Flora y fauna del valle

El valle del Lozoya es rico en biodiversidad, es un lugar privilegiado, calificado como una ZEC (Zona de Especial Conservación) en incluido en la Red Natura 2000.  Como la geología estaba superada, nos enfrentamos a la flora. En el piso inferior de vegetación, a la orilla del rio, uno de los protagonistas, el Fresno trasmocho, llamado así por la escamonda o poda completa a la que son sometidos. Esta especie ha sustituido en buena parte a los Olmos, casi desaparecidos, consecuencia de la grafiosis. A su lado, amantes de las aguas limpias, los Alerces, Sauces, Álamos, etc.

En el siguiente piso de vegetación (1200-1700 m), una pregunta ¿Sabéis que árbol es este? Efectivamente, un roble, pero un roble melojo o “quercus pyrenaica”. Curioso que en Pirineos casi no existan. ¿Error del etiquetado? El caso es que, en una de sus ramas, se veía una especia de esfera con algunas pequeñas protuberancias puntiagudas y de un color similar a las castañas ¿Qué será? Pues una agalla, producto de la defensa que el árbol hace ante el ataque a sus tallos más tiernos de una especie de insecto que pone ahí sus huevos; son las llamadas agallas de invierno. Una vez eclosionan los huevos, las hembras ponen sus huevos en las hojas, formando las agallas de verano. Más arriba, cuando el camino se empina, en la cota de los 1700 a 2100 m, los pinos silvestres sustituyen a los robles y según ascendemos, enebros rastreros, piornos, etc.

 

La fauna del lugar es muy variada y podréis leer algo sobre ella en este mismo documento. Cabe destacar que como también es parte de esta experiencia la ornitología básica, tenemos la suerte de apreciar en su vuelo ligero a varios milanos reales y uno negro, con un vuelo perezoso pero eficaz utilizando las térmicas que los ayudan a elevarse a varios buitres leonados y, que suerte, un buitre negro.  Más adelante, en el robledal, vario picapinos luciendo su paleta de colores blanco, rojo y negro.  Cabe destacar una especie que constituye un ejemplar único en el mundo, la mariposa isabelina.

Hacia el objetivo

Hemos descendido hacia el arroyo Aguilón y nos acercamos al tramo final de la ruta. El grupo va muy bien.  El camino, después de superar el puente que salva el arroyo Aguilón, comienza a estrecharse y a ganar en atractivo. El río se encrespa consecuencia del estrechamiento de su cauce. Sus aguas bajan vivas, adornadas por los brillos de la luz del día y escoltadas por especies vegetales que parecen estar fuera de lugar. El bosque de ribera nos ofrece su rebosante y generosa sombra. Andamos por el camino que recorre el margen derecho del arroyo aguas arriba, durante varios tramos tendremos que sortear con precaución diferentes obstáculos como son las piedras o raíces de los árboles.

Cuando el sendero pasa de ser de tierra a roca madre, los pasos que damos son cortos y seguros, evitando las zonas húmedas (a lo que afortunadamente ayuda el día) donde las piedras suelen ser más resbaladizas. Las manos libres, los bastones sobran, para poder agarrarnos a la vegetación o a las piedras en caso de necesitarlo. El estruendo formado por las aguas al precipitarse por la cascada nos avisa de que estamos próximos al final de la ruta y, entre grandes piedras graníticas, llegamos hasta el mirador de madera desde donde podemos disfrutar de una de las cascadas del Purgatorio, nuestro objetivo. Realizadas las obligadas fotos, estrenado lo que será nuestra enseña de grupo y disfrutando del entorno antes de que el camino se convierta en “la calle Preciados”, es momento de retroceder por nuestros propios pasos.

Nuestro ágora(intercambio de experiencias)

Cuando subíamos, hemos identificado lo que considerábamos iba a ser nuestro ágora. Allí, en medio de un afloramiento de rocas en forma de semicírculo y protegido por la sombra de algunos robles, desarrollaríamos nuestro “taller exprés”, a la par que daríamos buena cuenta de nuestros bocadillos. ¡Qué fastidio!, falto el vino. No se repetirá.  El taller, que pretende ser un debate, se desarrolla alrededor de un asunto de interés global: la capa de ozono y el efecto invernadero (será publicado en la próxima entrada al blog de medioambiente). Como comenzamos el camino desde las Presillas, no tuvimos ocasión de hablar sobre la arquitectura (El Paular, Puente del Perdón, etc.) y el arte de la zona. Por no hacer esta crónica más extensa, me limito a apuntaros que un resumen sobre esta cuestión está incluido en este documento.

Mención aparte merece el intento hecho por parte de Mar y Raquel que, el domingo pasado, contra viento y marea se plantaron en el parking de la Presillas con la intención de convencer al dios de la lluvia que nos diera cuartelillo. No hubo forma. En cualquier caso disfrutamos de la mutua compañía y de una más rica explicación, aunque sin contacto natural, de la ruta.

PROXIMA RUTA. Pronto os enviare información, pero será en La Pedriza. No será tan suave como la de las Cascadas, pero tiene un interés especial que no tenían ellas, la Geología. Fecha estimada: 12 de Junio.