El encuentro

Ninguno de nosotros sabía lo que iba a producir la catarsis lítica de la nueva experiencia en la pedriza anterior. Nadie, según ellos, había mirado la arquitectura de ese mágico lugar con esos ojos. Todos habían transformado su visión de ese caos granítico. Algo había cambiado desde dentro y, finalmente, todos aprendimos a reconocer, con otra mirada, la belleza de un paisaje salvaje.

Arranco la mañana, todavía oscurecida por la noche que huía, con saludos, con cafés, con choques de puño y con mucha, mucha expectación. Algunos ya sabían en qué consistían estas salidas; otro no. Decidí hacer la ruta a “sensu contrario” de como se hace habitualmente. De esa forma, la fuerza se mantiene mientras ganamos altura en un tramo de ascensión más corto, y el descenso, aunque más largo, es benigno y a favor de sol. Carmen, Nieves, Ibón, Mónica, Ignacio y Diana eran los componentes de la “suave cordada”. Una pena que, por unos u otros motivos, no estuvieran las dos “mares” y Almudena. A la próxima.

Cada día más, se reconoce que la geomorfología condiciona la biodiversidad, la vida del  ser humano y su desarrollo, y por ello la sociedad reconoce el patrimonio geológico como un valor de los espacios naturales. Este, entre otros, son algunos de los mensajes que se tratan de transmitir en las actividades amparadas por la sección de “Caminando entre experiencias”.

Comenzamos el camino

Iniciamos nuestra andadura hacia las 08:00 de la mañana. El encuentro inicial fue muy agradable y ello retraso la salida. Se empino el camino y alguien, por la parte de atrás dijo: no será así siempre, ¿no? Evidentemente no. El día había despertado y acompañaba. El sol estaba cubierto por una caritativa neblina que favorecía el ascenso. ¡De pronto!, “diaclasa” a la vista. Hacemos un alto y explico el fenómeno. Posteriormente ese nombrecito daría lugar a muchas sonrisas.

Más adelante, aparecieron las “piedras caballeras“ y más diaclasas, ortogonales en este caso, formado magníficos “tohres”, rodeados de “bolos” desarraigados de vete a saber tu que roca . A nuestra derecha nos saludó LA TORTUGA y después de unas cuantas paradas para admirar, en dirección sur, el paisaje que se nos presentaba y hacer unas fotos, descubrimos un nuevo palabro “pilancones”. Si diaclasas ya había originado sonrisas, los pilancones crearon un divertido debate sobre todo cuando se convertía, si lo hacían, en “marmitas de gigante” o daban lugar a pequeñas navas.

El Collado de la Encina

Recorrimos la Gran Cañada para alcanzar el Collado de la Encina en la convergencia con la Senda Maeso desde donde nos hizo un guiño a contrasol “EL CARACOL”. En ese instante, la química de grupo se había consolidado y las conversaciones eran fluidas. Todos, menos yo que lo conseguí más adelante, se habían aprendido los nombres de los demás y las preguntas comenzaba a surgir con una curiosidad mal disimulada. Seguimos la senda Maeso, apreciando las formaciones las extensas formaciones rocosas que constituyen “los berrocales” y tratando de recordar entre todos, los nombres  que ya se habían mencionado, …, diaclasas, pilancones, thores, etc.

Seguimos la ascensión hacia El Yelmo dejando a la derecha el Risco de los Martes y vislumbrando hacia nuestra izquierda EL ELEFANTITO. Hicimos recuento de cabras y mencionamos su superpoblación y el peligro que ello suponía. Reconocimos varias plantas entre ellas, la jara pringosa, el pelo de vieja, la gayuba o uva de oso y ello dio pie para descubrir un nuevo valor para el “klaustro” de conocedores de algunos aspectos del paisaje, Ibón, que automáticamente se presentó voluntario 😉 para preparar una introducción a la flora de la Pedriza en la próxima salida.

En El Yelmo

Llegamos al Yelmo, parada prevista para desarrollar el “taller exprés” sobre geología y dar buena cuenta del almuerzo. En esas estábamos, cuando Nieves dijo haber descubierto el “santo grial” en una de las hendiduras de la pared que nos servía de abrigo; y, mientras todos se esforzaban por entender unos términos en cierta medida complejos, alzo los brazos exhibiendo una urna con las cenizas, suponemos, de algún amante de esos lugares.  Sorprendidos unos, sonrientes otros, y ella perpleja, deposito la urna donde la había encontrado y seguimos con el taller.

Por lo “bajini”, Mónica reconoció que sería difícil pasar al lienzo con su arte en la acuarela los muchos matices de las rocas, por lo que quedo otro reto pendiente: una acuarela de alguna de sus rocas preferidas, quizás las cuatro damas. Esta pintura podría pasar a formar parte de una exposición de dibujos y acuarelas que nos recordaran las actividades y cuyo fondo cultural (otra posible actividad social a desarrollar) residiría en la calle de San Rogelio, sede del club. Mi compromiso, el club le pagara el material que utilice., si finalmente acepta el reto. A la hora de escribir esta crónica, Mónica a confirmado su intención de aceptarlo. ¡¡¡Bien!!!

Hacia el Collado de la Dehesilla

Una vez desarrollado el taller exprés cuyo objetivo fue la génesis de la Pedriza, dejamos atrás el Yelmo, fotografiamos EL ARCO, nos miraron despectivamente LOS FANTASMAS y admiramos a las CUATRO DAMAS que fueron objeto, como lo habían sido en otra actividad anterior, de un debate sobre a quién podía representar. Buscamos EL CENTINELA, garante de la paz entre la Pedriza posterior y la Anterior, según la leyenda, y llegamos al Collado de la Dehesilla (falla que separa las dos pedrizas), no sin ciertas dificultades en algunas zonas del descenso.

Desde el collado, recordando a los pilancones, las diaclasas, los thores y las piedras caballeras entre otras formaciones geológicas y abrazados por la gayuba, la jara, el pelo de vieja, los geranios del camino y la flor del azafrán; llegamos al TOLMO, limite, según la leyenda, entre las dos pedrizas. Desgranamos las teorías sobre el origen de semejante “pedrusco” y apreciamos, como último capricho de la geología, la imagen de EL PAJARO; sin olvidar una asignatura pendiente que esperamos aprobar en la próxima salida: “los tafonis”.   Después de un aburrido tramo entre las nada aburridas conversaciones, llegamos a Canto Cochino. Eran las 14:15 horas.

…, y, al final …

En la terraza, entre cañas y vinos, se desarrolló un dialogo sabio, valiente y equilibrado, en el que hubo critica y autocritica; y del que extraje algunas lecciones y opiniones que trasladare en su tiempo a la JD. Se habló de las actividades y posibles mejoras, de los objetivos de cada una de ellas, de las relaciones entre socios, de cuotas para las actividades, de voluntariado, etc. En definitiva, una charla en modo club, extraordinariamente positiva.

Gracias a todos y nos vemos en la próxima.