Raúl Regaño

Crónica sección juvenil: Por el laberinto de la Pedriza

23 junio 2026

Este domingo, mientras gran parte de la población buscaba refugio del calor sofocante de la ciudad, un pequeño grupo de juveniles del Tierra Trágame decidió que había mejores maneras de pasar la mañana: adentrándose en el mítico laberinto de la Pedriza.

La aproximación fue rápida. Sin apenas darse cuenta, nuestros aventureros alcanzaron la entrada de este peculiar mundo de granito, donde los caminos evidentes dejan paso a pasillos ocultos, callejones sin salida y rincones que parecen sacados de otro planeta.

Y entonces comenzó la aventura.

Tocaba buscar pasos escondidos, descubrir por dónde continuar cuando parecía imposible avanzar y ascender a algunas de las piedras más emblemáticas del recorrido. Hubo trepadas, destrepadas, pasos estrechos y algún que otro momento de duda en el que el grupo tuvo que poner en práctica toda su capacidad de observación y orientación.

El frontal también tuvo su momento de protagonismo. Algunas cavidades y pasos oscuros obligaron a iluminar el camino, añadiendo un punto extra de emoción a una jornada que ya de por sí estaba resultando inolvidable.

Pero si algo caracterizó la salida fue el ambiente. Risas constantes, bromas, compañerismo y esa mezcla de aventura y diversión que define tan bien lo que significa formar parte de la sección juvenil de Tierra Trágame.

Y como suele ocurrir cuando uno se lo está pasando bien, el laberinto terminó sabiendo a poco.

Así que, lejos de dar por finalizada la jornada, el grupo decidió ampliar la ruta y dirigirse hacia algunas de las cumbres rocosas de la zona. Desde allí pudieron contemplar la inmensidad de la Pedriza, con sus interminables mares de granito, sus riscos imposibles y ese paisaje único que nunca deja de sorprender.

Una jornada de las que se recuerdan durante mucho tiempo. De las que combinan aventura, exploración, montaña y amistad. Y de las que hacen que, al regresar a casa, ya se esté pensando en la siguiente.

Porque en Tierra Trágame sabemos que las mejores rutas no siempre son las más largas ni las más difíciles.

A veces son simplemente aquellas que nos hacen volver con una sonrisa.

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