Este sábado la sección juvenil del Club Tierra Trágame ha puesto rumbo al Bosque Plateado de La Jarosa, un lugar donde la luz se cuela entre los pinares y todo parece tener un aire un poco mágico.
La jornada comenzaba con una sonrisa especial: el grupo recibía con alegría a una nueva integrante, acogida desde el primer momento con esa naturalidad que ya caracteriza a estos jóvenes. Presentaciones rápidas, mochilas ajustadas… y mapa en mano.
Porque hoy no era solo caminar. Con el mapa desplegado, los juveniles fueron decidiendo el rumbo, eligiendo puntos característicos escondidos entre los pinares de La Jarosa. No se trataba de seguir un camino sin más, sino de buscar, interpretar y descubrir.
Aparecieron ruinas silenciosas, restos que cuentan historias sin palabras. Surgieron riscos que invitan a trepar con la mirada. Y, entre todos ellos, destacó el protagonista inesperado del día: el Pino de la Vida. Qué árbol tan singular. Imponente, diferente, casi simbólico. De esos que obligan a parar unos minutos y simplemente observar.
La ruta fue fluyendo entre senderos, conversaciones y risas. Se habló de todo y de nada, como suele pasar cuando el camino acompaña. Es en esas charlas, entre subida y subida, donde se fortalecen los lazos, donde el grupo se convierte en algo más que compañeros de ruta.
Al final, el recorrido dejó números que hablan por sí solos: 10 kilómetros y 500 metros de desnivel positivo. Pero más allá de las cifras, quedó la sensación de haber compartido una jornada completa, redonda.
La climatología quiso sumarse al plan y regaló un día espectacular, de esos en los que el cielo parece estar de acuerdo con todo.
Otra salida que suma experiencia, naturaleza y grupo.
Seguimos caminando.


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