Raúl Regaño

Crónica Juvenil. Operación Lagunilla

12 octubre 2026

OPERACIÓN LAGUNILLA: ¡MISIÓN CUMPLIDA!

¡Atensión! Attention! Attenzione!

El Alto Mando del Tierra Trágame había lanzado una nueva convocatoria. La misión no era sencilla: adentrarse en el corazón de La Pedriza, superar cuantos obstáculos aparecieran en el camino y alcanzar la mítica Lagunilla del Yelmo.

Cinco valientes respondieron a la llamada a filas. Los reclutas Samuel, Leo y Luca se incorporaron a la expedición, acompañados por los veteranos camaradas Óliver y Martín, encargados de velar por la integridad del batallón, mantener alta la moral y prestar apoyo cuando las circunstancias lo requirieran.

¡En avant, camarades! Andiamo, ragazzi! ¡Vamós, camarrradas!

A primera hora, las tropas partieron desde El Tranco, con las mochilas cargadas de provisiones y la moral por las nubes. El avance inicial hasta Canto Cochino transcurrió sin incidentes. Terreno favorable, comunicaciones fluidas y un pelotón que marchaba con paso firme. Demasiada tranquilidad para una operación de semejante envergadura…

Porque, tras cruzar el río Manzanares, ¡comenzaron las hostilidades!

La montaña desplegó todo su arsenal: fuertes pendientes, jaras que defendían cada metro de terreno, matorrales que dificultaban el avance, piedras traicioneras y gigantescos bloques de granito que parecían colocados estratégicamente para detener a nuestros soldados.

Pero el batallón no se rindió.

¡Adelante! ¡Avanti! ¡Adelánte, soldádos!

Hubo que trepar, agacharse, buscar pasos entre las rocas y atravesar auténticos túneles subterráneos de granito. Algunos obstáculos exigieron estudiar cuidadosamente la maniobra antes de ejecutarla. Otros provocaron más de una mirada de incredulidad. Pero todos fueron superados gracias al esfuerzo colectivo y al apoyo de los camaradas más experimentados.

¡Pas de problème! Nessuno si arrende! ¡Nadie se rrinde, camarrradas!

Tras conquistar metros y metros de desnivel, el pelotón alcanzó las inmediaciones del Yelmo, donde tuvo ocasión de saludar a otros valientes que, equipados con cuerdas y material de escalada, libraban su particular batalla contra las verticales paredes de granito.

Aquello solo podía significar una cosa: ¡el objetivo estaba cerca!

Y, finalmente, apareció la ansiada Lagunilla del Yelmo. Bueno, apareció el lugar… porque el agua había desertado. ¡Ni una gota!

¡Mamma mia! Sacré bleu! ¡Madre rrusia, qué desgrracia!

Pero ninguna ausencia de agua iba a empañar semejante conquista. El enclave ofrecía un paisaje espectacular, perfecto para establecer el campamento provisional, desplegar las raciones de combate, reponer fuerzas y disfrutar de unas vistas que bien merecían todo el esfuerzo realizado.

Con la misión principal cumplida, llegó la orden de retirada.

¡Retraite! Ritirata! ¡Rretirrrada, camarrradas!

Tocaba descender hacia la Gran Cañada, todavía con las piernas trabajando a pleno rendimiento, para después continuar por la senda Carboneras hasta regresar al cuartel general de El Tranco.

Y así, después de 11 kilómetros de marcha y casi 700 metros de desnivel positivo, nuestros cinco expedicionarios completaron una jornada de auténtica montaña, aventura, compañerismo y superación.

El Alto Mando confirma que todos los efectivos regresaron de la misión y que los reclutas demostraron estar a la altura de las circunstancias. Los camaradas veteranos, una vez más, hicieron honor a sus galones.

Una nueva estrella para las condecoraciones de estos jóvenes Fututierras.

¡Mission accomplie! Missione compiuta! ¡Misión cumplida, camarrradas!

¡Hasta la próxima operación, camaradas!

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