El pasado domingo día 6, los juveniles Vera, Leo, Olivia, Ana, Julia, Maya y la que suscribe, Lúa. Partimos del parking del Tranco, y tan solo con mirar hacia arriba se puede apreciar más o menos lo que nos espera. A priori parece mucho, pero pienso que ya hemos hecho cosas más difíciles.
Empezada la ruta, se ve claramente como la noche anterior llovió mucho: los caminos rebosan de agua, y en más de una ocasión los pies nos chorrean.
Llevamos una buena parte de la ruta, con algún descanso entre medias., y es entonces cuando visualizamos a lo lejos dos siluetas. A primera vista parecen humanas, sin embargo podrían ser perfectamente rocas erosionadas hasta quedarse así de finas. A medida que nos vamos acercando, se ven con más detalle las rocas y cuando casi podemos distinguir el rostro, levantan sutilmente el brazo ladeándolo de un lado a otro como imitando el aire. Evidentemente son humanas, qué alivio. Se aprecia mejor lo que esconden sus faces, un pirata acompañado de una bruja del bosque, curioso. Seguían saludándonos por lo que podemos dar por hecho que son a los que esperábamos, Oscar y Pilar. Cuando llegamos nos cuentan que han oído hablar de un tesoro en lo más profundo de la montaña. La cueva Del Ave María. Entonces nos dirigimos hacia allí. Entramos. A medida que avanzamos la cueva disminuye de tamaño. Al llegar al final no encontramos ningún tesoro. Y buscando, y buscando acabamos dando con él. Estaba en un lateral de la pared. Esto nos hace reflexionar de que a veces no se trata de llegar hasta algo. Una nota, un proyecto, una cima. Sino lo que se aprende por el camino. Una experiencia y un recuerdo.
Al salir de la cueva nos reunimos para recuperar fuerzas, y de paso para revelar el tesoro: DONETES. Tenemos 5 cajas en total de donetes. Una maravilla.
Así, con más energía seguimos ascendiendo. Por el camino vamos descubriendo direntes rocas con parecidos razonables, como el caracol.
Nos hemos pasado de la hora y el Yelmo tendrá que esperar para otra ocasión. Toca acortar. Así que tomamos una senda poco marcada pero vigilada por el elefantito. Lo bueno es que solo queda bajar. Es lo más rápido pero no lo más fácil. El camino de bajada está lleno de agua. Con el sonido de nuestros zapatos mojados acompañando las conversaciones de Vera y Julia sin darnos cuenta estamos abajo. Solo nos queda llegar al lugar de partida a unos 500 m.
Finalmente sólo nos queda agradecer que a veces nos obliguen a madrugar.
Nos vemos en la próxima, fututierras.













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