Raúl Regaño

Crónica entrenamiento juvenil por La Barranca

26 mayo 2025

El pasado viernes, el valle de La Barranca fue testigo de una de esas jornadas que quedan grabadas en las zapatillas y en la memoria. Los Fututierras Corremontes —Martina, Olivia, Leo y Clara— se reunieron con el pretexto de reconocer los recorridos de sus próximas competiciones: el Kilómetro Vertical La Barranca y el Cross de Cuerda Larga. Pero, como suele pasar cuando las piernas están fuertes y las ganas sobran, lo que empezó como un entrenamiento terminó siendo toda una épica de montaña.

El plan inicial era simple: subir hasta la Fuente de La Campanilla, punto clave del KV, para tantear las pendientes y recordar los tramos más técnicos. Sin embargo, el aire fresco, los rayos de sol filtrándose entre los pinos y ese cosquilleo que da estar en la sierra con amigos hicieron que, al llegar a la fuente, nadie quisiera dar la vuelta.

“¿Y si seguimos hasta el Collado del Piornal?” —propuso una voz, con la mirada puesta en las cumbres—. Y claro, ¿quién se resiste a esa invitación cuando tienes delante la sierra de Guadarrama desplegada como un mapa de sueños?

Así que continuaron. Las zancadas se alargaron, la conversación se entrecortaba con la respiración acelerada y el bosque iba dando paso a la roca y al cielo abierto. Al llegar al Piornal, las vistas ya eran espectaculares, pero ahí estaba, imponente, la Bola del Mundo, como una promesa difícil de ignorar. Martina miró a Olivia, Olivia a Clara, Leo sonrió, y sin necesidad de palabras, todos sabían lo que tocaba: subir.

La llegada a la Bola fue una celebración sin dorsal: fotos, y esa sensación inigualable de haber llegado un poco más lejos de lo previsto, con las piernas ardiendo y el alma ligera. Pero aún quedaba bajar, y para eso eligieron el clásico y directo descenso por la tubería, un tramo que combina técnica, velocidad y muchas risas entre resbalones y gritos de “¡que voy!”.

Al final, casi sin darse cuenta, habían enlazado parte del KV, un buen tramo del Cross y una cima icónica, en una tarde que fue mucho más que un reconocimiento: fue una declaración de amor por la montaña, por el equipo y por esas decisiones improvisadas que llevan a las mejores aventuras.

Los Fututierras Corremontes no solo están listos para competir, están hechos para disfrutar. Y el viernes lo demostraron con creces.

¡Nos vemos en las carreras!

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