La aventura comenzó en Torrelodones, punto de encuentro de los peketierras para una nueva salida de la sección infantil del Club Tierra Trágame. Lo que parecía una sencilla ruta familiar pronto se convirtió en una auténtica expedición llena de descubrimientos y emociones.
Manu había preparado un recorrido de esos que dejan huella. Senderos sinuosos, pasos entre rocas, trepadas que exigían utilizar manos y pies, y descensos en los que, en más de una ocasión, la técnica más efectiva resultó ser la conocida como “culo al suelo”. Todo ello fue poniendo a prueba la habilidad, el equilibrio y el espíritu aventurero de nuestros jóvenes montañeros.
A medida que avanzaba la tarde, la ruta fue adentrándose en rincones que parecían sacados de un cuento. Pequeños bosquecillos escondidos, formaciones rocosas caprichosas y senderos entre la vegetación despertaban la imaginación de los participantes, que no tardaron en bautizar algunos de estos lugares como auténticos bosques de hadas.
Pero la aventura aún guardaba una sorpresa más.
Con la llegada del ocaso, el grupo hizo un alto en el camino para disfrutar de una cena en familia. Fue el momento de compartir impresiones, recuperar fuerzas y preparar el material para la parte más especial de la jornada: los frontales entraban en escena.
Ya de noche, con el cielo cubierto de estrellas, los peketierras afrontaron el último tramo de la ruta. El bosque se transformó por completo. Los sonidos de la naturaleza cobraron protagonismo y la emoción de caminar iluminados únicamente por los frontales hizo que cada paso tuviera algo de mágico. Entre sombras, estrellas y algún que otro encuentro con la fauna nocturna, el grupo regresó finalmente al punto de partida.
Una jornada diferente, llena de aventura, compañerismo y naturaleza, que dejó a pequeños y mayores con una sonrisa y muchas historias que contar.
Porque hay rutas que se recorren con los pies… y otras que permanecen para siempre en la memoria.


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