Raúl Regaño

Crónica infantil y juvenil. Escalada en rocódromo.

18 enero 2026

Hoy el rocódromo The Climb no ha sido solo un muro con presas de colores. Ha sido un castillo vertical, un parque de aventuras y un lugar donde, durante unas horas, convivieron peketierras y juveniles del Club Tierra Trágame.

Las paredes se llenaron pronto de voces, risas y miradas hacia arriba. Algunas de esas miradas eran nuevas, cargadas de nervios y curiosidad: para varios peketierras era su primer día en la sección y, para otros, su primera vez escalando. Manos pequeñas buscando apoyos, pies que dudan, y ese momento mágico en el que alguien descubre que sí, que puede subir un poco más.

Los infantiles pasaron la mañana entre bloques, vías y juegos, guiados por monitores que transformaron cada ejercicio en un reto divertido. Se escaló, se bajó, se volvió a subir… y se celebró cada pequeño logro como si fuera una cima, y ¡qué decir de la tirolina!

A pocos metros, en la misma pared pero en otra historia, los juveniles se movían con más soltura. Menos dudas, más concentración. Aquí el juego era otro: leer la vía, aceptar el reto, probar, caer, volver a intentar. Los bloques exigían cabeza; las vías, paciencia y confianza. La dificultad iba creciendo, y con ella las ganas de superarse.

Entre intento e intento, miradas cómplices, ánimos y alguna risa. Porque aunque ya escalen más alto, el espíritu sigue siendo el mismo.

La coincidencia de ambas secciones hizo la mañana aún más especial. Los pequeños observaban a los mayores con admiración; los juveniles, casi sin darse cuenta, recordaban cuándo ellos también miraban la pared desde abajo por primera vez.

Cuando las manos empezaron a cansarse y las presas se quedaron en silencio, quedó la sensación de haber vivido algo más que una sesión de escalada. Fue una tarde de primeros pasos, pequeños miedos superados y retos compartidos.

En Tierra Trágame, incluso bajo techo, la montaña sigue enseñando.

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