El día comenzaba como lo hacen las grandes aventuras, con gente madrugando para facilitar que todo salga a pedir de boca.
A las 6:30 de la mañana, ligeramente nublada, ya se empezaban a montar los cimientos en el punto de salida. El día amenazaba lluvia, incluso tormenta; al final solo unas pocas gotas refrescantes que permitieron comprobar si los participantes llevaban el material obligatorio. A algunos ni les hizo falta sacar el chubasquero.
Poco a poco las tareas de cada ‘tierraner’ quedaban claras. Personal en avituallamientos, guías, recaderos, escobas o, simplemente, participantes se iban poniendo en marcha. De primeras, un pequeño susto en forma de tobillo que no tenía muy claro cual era su función en ese día, pero solventado rápidamente por la asistencia y a reposar. Por lo demás, ningún incidente reseñable.
Por la parte que me toca, a las 10:30 salimos un grupito bien avenido de infantiles (y resto de familias o animales) acompañando a Luismi en sus tareas de escoba en la ruta corta. En la ruta larga fue Paloma la encargada de azuzar al personal para que no se desviara del camino, aunque aún así alguna improvisación hubo, que quedó en mera anécdota.
Volviendo al grupo infantil escobil, tras una primera parte en subida con el sol queriendo calentarnos más de la cuenta, finalmente las nubes hicieron fuerza y nos oscurecieron ligeramente el paisaje, pero dejándonos una temperatura fresca, ideal para un paseo por montañas.
Los niños subieron a buen ritmo y fuimos recogiendo participantes por el camino que se contagiaron de la marcha que llevábamos.
‘Ya queda poco para el avituallamiento y me han dicho que tienen chuches’ se oyó una voz a lo lejos. No hay más que hablar, familias completas bajando hacia Quebrantaherraduras como si no hubiera piedras ni tierra húmeda donde resbalarse. Y vaya que si había chuches, y había, porque de ahí nos marchamos dejando seco el ‘cofre del tesoro’.
Y, por fin, la amenaza meteorológica se cumplió. Unas pocas gotas comenzaron a caer de manera tímida, y con un poco más de intensidad en los tramos finales, ya cerca de la ermita de san Isidro, aunque tras varios minutos de incertidumbre se detuvo y nos dejó terminar al agradable paseo, sellando nuestras tarjetas de control y disfrutando de un merecido -o no tanto- bocadillo (¡y de más chuches!).
Agradecimiento enorme a todos los que habéis estado ayudando en esta nueva Cruzapedriza, no conozco el nombre de todos pero eso no lo hace menos importante. Gracias, de corazón, por vuestro tiempo y alegría.


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