Jose Ignacio Fernandez

MUD, GLORIOUS MUD – KANGAS MOUNTAIN 2024

4 marzo 2024

Nutrida expedición del Tierra este fin de semana a tierras asturianas, en concreto a Cangas de Onís, para participar en la décima edición de la ya clásica Kangas Mountain.

Escalonados en función de los horarios particulares, íbamos llegando el viernes a mediodía a Cangas de Onís, donde ya nos recibía la prevista lluvia que iba a acompañarnos durante prácticamente todo el fin de semana. Tras una primera estación para quitarnos la sed, nos reuníamos todos y nos íbamos a comer en amor y compañía para tras eso, ir a recoger los dorsales. La tarde la íbamos a pasar ya repartidos por los diferentes alojamientos, porque entre otras cosas, la climatología no propiciaba el turismo.

Ya el sábado amanecía ligeramente, sólo ligeramente, menos cerrado, aunque las previsiones decían que a partir de las 9 de la mañana, se abría el cielo. Coincidiendo, vaya, con la hora de salida de la “Original”, la prueba de 33 kilómetros donde participaba el grueso de la expedición.

Con ello, nos presentábamos en la zona de salida Laura, Paloma, Fernando, Javier, Abel, Manuel y un servidor para afrontar lo que nos esperaba. Fotos de rigor, un poco de calentamiento para que la musculatura no arrancara en frío y a la línea de salida… donde, como estaba pronosticado, empezaba a diluviar.

A las 9 de la mañana se daba la salida y se hacía la vuelta “de colocación” a toda velocidad, que hay que buscar buena ubicación para quitarse algo de los tapones al arrancar la primera subida. Al arrancar las primeras rampas de la subida al alto del Abedul el tiempo cambió. A peor. La lluvia arreció y se convirtió en granizo, con fuertes rachas de viento. La cosa no podía empeorar… ¿o sí? Porque tras el cresteo, en la siguiente subida al Arbolín, paró la lluvia…para ponerse a nevar. Maravilloso. Para añadirle emoción, en los primeros descensos ya vimos cual era el plan del día: “me voy a caer”. Barro no… lo siguiente. La cuestión no era si te ibas a caer, sino cuándo y cuántas veces.

Este maravilloso panorama hizo que en el primer paso por Cangas de Onís, ya hubiera un buen número de abandonos. Porque claro, con ese plan y tan sólo 11 kilómetros de carrera a lo mejor era para pensárselo. Y es que quedaba aún lo “mejor”.

El segundo tramo, entre Cangas y Tornín es quizá el peor. Ahí hay barro por defecto. En pleno verano y con sequía, hay barro. Así que el sábado os podéis imaginar. Saber lo que te vas a encontrar ayuda un poco… sobre todo a saber que vas a sufrir.

Al concluir ese segundo tramo tras cruzar el puente colgante sobre el Dobra, a la altura del kilómetro 20, nuevo aluvión de retiradas. Porque aún quedaba la subida (y bajada) al Següencu. Que ni por asomo era lo peor. Al iniciar la subida por la pedrera, lágrimas ¡de felicidad! en la mayoría de participantes. Casi un kilómetro sin asomo de barro. Sólo piedras. Qué maravilla, oiga. Un tramo que, a pesar de la dificultad y las condiciones resultó mucho más asequible que el resto del recorrido. Pero claro… que aún quedaba lo mejor de lo mejor. La bajada a Nieda. Tramo de bajada técnica, muy técnica, complicada en seco. Así que el sábado… en fin… Lo bueno es que sabes que es lo último. Que ya se acaba. Tras eso, dos kilómetros finales viendo/oyendo la meta y soñando con la ducha y, finalmente, la ansiada entrada en meta. Siempre emocionante y con mucho ambiente en las calles de Cangas, a pesar de lo complicado del día.

No me olvido del resto. Porque, mientras estábamos hozando, había salido a las 11 de la mañana la Speed Trail, de 12 kilómetros en la que participaba Olga y a las 11:20 la Half, donde teníamos a Carmen y Alberto. Los tres hicieron menos kilómetros pero tragaron agua y barro como el resto. Que aquí no se hacen excepciones.

El día no estaba para hacer buenos tiempos, así que, lo mejor que podemos decir es que no hubo que lamentar bajas entre los y las nuestros porque todos conseguimos terminar. Algo que no pueden decir los más de doscientos retirados, lo que da idea de la dureza del día.

Una vez en meta, rápido a las duchas para tratar de entrar en calor y a disfrutar todos juntos de una más que merecida buena comida, sobremesa, tarde y noche de Cangas. Pero eso ya, es otra historia.

El domingo ya, levantarse con tranquilidad, recoger, algunas compras y retorno al hogar tras un fin de semana, duro pero muy divertido. Y ya… a pensar en la próxima.

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