Jose Ignacio Fernandez

Entre carámbanos y escaleras

24 noviembre 2025

Hoy, la crónica de la salida a cargo de Carlos Abad, una de nuestras recientes incorporaciones.

El cambio de temperatura en los últimos días le otorgó a la salida de este sábado un toque especial. Seis miembros del club se aventuraron a una salida que comenzó con temperaturas bajo cero y un cielo totalmente despejado. El día prometía.

Tras calentar más los dedos que las piernas, localizando el track que iba a marcar nuestro destino, nos pusimos manos a la obra bien pertrechados. El ascenso desde La Jarosa arrancó dejando atrás a varios grupos de senderistas y recolectores de setas que nos saludaban con cierta complicidad sabiendo que nos quedaba una maravillosa jornada por delante.

El ascenso fue tranquilo, sin grandes dificultades para seguir el track. La primera parte sirvió para entrar en calor y compartir algunas de las aventuras y salidas más significativas de este 2025. Aproximadamente en la mitad de subida principal, el entorno deslumbró con un manto de hielo y escarcha que nos invitó a hacer nuestra primera parada y sacar algunas fotos. Desde ese momento y el paisaje invernal nos deslumbró con su belleza desplegada en forma de árboles y arbustos helados que dejaban caer el hielo, como si de nieve se tratara, y alguna que otra piedra resbaladiza. Tras seguir a pies juntillas el track, evitando el camino natural y superando algún tramo pedregoso con cierta complejidad, llegamos a Cabeza Líjar, Hicimos frente al viento helado para poder desfrutar de unas vistas espectaculares en las que apreciamos claramente Peñalara nevada, La Bola del Mundo, La Mujer Muerta, así como el lejano skyline de Madrid que parecía sacado de las mismísimas novelas de Tolkien, o la majestuosa Sierra de Gredos.

Tras visitar el refugio y despedirnos de dos montañeros mejor resguardados que nosotros, continuamos la marcha con las orejas bien frías y una bonita foto en el teléfono. Algo expuestos al viento continuamos con una marcha ágil para cruzar por otros dos refugios. Comenzamos a descender por un sendero que nos permitió mantener un buen ritmo mientras compartíamos planes de futuro sobre posibles retos en 2026. Dejando antiguas minas de wolframio a nuestras espaldas, continuamos la marcha sin perder ritmo lo que nos hizo entrar el calor e invitarnos a parar para quitarnos algo de ropa, compartir algo de comer y aprender cómo hacer geles caseros. Con los cortavientos guardados y los colores del club al descubierto, nos enfrentamos a la última parte de la ruta.

Mateniendo el mantra de que “el track manda” estuvimos unos minutos intentando descubrir la mejor manera de cruzar un campo algo cerrado por la vegetación. Nuestro tesón y espíritu aventurero nos permitió encontrar la manera de enlazar de nuevo con un camino sin dejar de seguir el track. Considerando que ya habíamos sido muy formales, no dudamos en decir continuar en el sentido contrario que nos indicaba la navegación ya que, al final sabíamos que llegaríamos al mismo sitio, con lo que técnicamente no se consideraría una pérdida. Con el ánimo alto nos dirigimos directamente al Vía Crucis, un auténtico descubrimiento para varios del grupo. Llegamos a la primera estación cargados de energía y, desde allí y con vistas a la segunda, emprendimos uno de los momentos más épicos de la jornada, el ascenso a la segunda estación. Como es bien sabido, la experiencia es un grado, y una vez más se confirmó cuando nos retamos a subir las escaleras de ascenso a la estación. Pobres de aquellos que no conocían la zona, ya que el primer vistazo únicamente enseñaba una parte menor de la subida. El arranque espléndido, la llegada fue otro cantar. Menos más que al llegar a la estación pudimos disfrutar de un breve pero maravilloso concierto en vivo y en directo.

Tras disfrutar de las vistas y del entorno, pusimos rumbo al final de la ruta. Pocos kilómetros nos separaban de la llegada y las ganas por llegar nos hicieron descuidarnos y meter algún que otro pie en aguas cuanto menos fresquitas. Nos cruzamos con algunos seteros que regresaban con las cestas vacías, pero con una sonrisa en la cara. Aunque había opción de acortar, respetamos religiosamente las zetas algo que dejó desconcertado a un elegante can que nos cruzamos un par de veces durante la bajada mientras nos dedicaba una mirada de compasión, confirmando que no teníamos arreglo.

Finalmente llegamos los seis la parking donde habíamos aparcado hacía poco más de cuatro horas, con más de 24km en las piernas y 1200m de desnivel, un montón de anécdotas nuevas y la sensación de haber disfrutado de la mejor forma posible una mañana de sábado algo más fresca de lo habitual. Aunque el frío no invitó a hacer un post en condiciones, nos despedimos como la ocasión merecía, bromas y risas en igual proporción.

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