El pasado sábado, la sección de carreras por montaña organizaba la segunda salida del mes de mayo. En esta ocasión, la ruta propuesta era recorrer el Cordel de la Mujer Muerta, partiendo desde Las Dehesas de Cercedilla.
Curiosamente, al igual que el año pasado, esta ruta congregó al mayor número de participantes en lo que llevamos de año y, a pesar de las bajas de última hora, a las 9 de la mañana nos reuníamos en el parking de las Dehesas, veinticuatro tierraners para afrontar las dos rutas alternativas organizadas para el día.
Así, tras la llegada, algunos reencuentros, saludos, charlas y fotos de rigor, conseguíamos poner en marcha el rebaño. Madre mía… lo que cuesta poner en marcha a un grupo numeroso. Aunque finalmente lográbamos arrancar.
Rápidamente se formaban los sub grupos del día. Por delante, los del “ritmo tranquilo”: Asier, Chema, Fernando Calo, Luis, Paco y Peri; por detrás, el grupo que iba a realizar la ruta corta, comandado por Alberto y José Antonio, con Carmen, Javi del Río, Paco Alcón y Toni; en el medio, el resto de la trouppe.
Así alcanzábamos el puerto de la Fuenfría y comenzábamos la subida al Cerro Minguete. En el collado se rompía definitivamente el grupo, quedando en cabeza a un ritmo bastante más ligero Asier, Chema, Luis y Paco mientras el resto afrontábamos con más calma la bajada a Tirobarra y la subida a La Pinareja.
En el collado de Tirobarra nos separábamos también del grupo que realizaba la ruta corta, quienes tomaban el sendero que por la garganta del río Moros se dirige hacia el Collado de Marichiva. Desde allí, en lugar de la opción más cómoda, que era volver a bajar a las Dehesas, el grupo optaba por hacer la subida a Peña Aguila alargando unos cuantos kilómetros la salida y disfrutando de la bonita bajada a las Dehesas por el camino de Cerromalejo.
Mientras tanto, el grupo principal seguía los pasos de los galgos (a distancia, eso sí) y se metía de lleno en el Cordal de la Mujer Muerta, primero descendiendo de la Pinareja para luego subir hasta el Pico del Oso, donde se realizó una brevísima parada para avituallarse y la foto de rigor y continuar hasta el puerto de Pasapán.
Ahí tomábamos la pista forestal bajando a muy buen ritmo hasta el embalse del Vado de las Cabras para, tras cruzarlo, volver a la pista y encaminarnos hasta la subida al collado de Marichiva. Desde allí, rápido descenso y en apenas quince minutos volvíamos al punto de partida donde, como no podía ser menos, disfrutamos en compañía de un más que merecido refrigerio para dar fin a una estupenda mañana de correr por el monte en buenísima compañía.
Los que no vinisteis pues os lo habéis perdido.

0 comentarios