Raúl Regaño

CRÓNICA SALIDA PECES 24 AGOSTO

31 agosto 2025

Aprovecho esta crónica para presentarme, y también a mi hermana, que es con quien he iniciado todo esto: Lara y yo (Cloe) somos recién llegadas a este océano sin orillas que es la natación en aguas abiertas. Apenas llevamos dos salidas con este maravilloso grupo de personas, y ya lo sentimos como un lugar donde quedarse. Hasta entonces, todo eran largos solitarios en piscina, que no es por hacerles un feo, pero no hay color. Creo que hablo por las dos cuando digo que descubrir este deporte ha sido de lo mejorcito que nos ha pasado últimamente.

Le debo mucho a aquel día en San Martín, cuando mi hermana y yo fuimos a estrenar nuestros neoprenos y nuestras cabecitas (no sabíamos que esto es lo más difícil de domar). Allí apareció Miguel, solitario nadador, mientras yo llegaba con mi entusiasmo desbordado, preguntándole si había venido a nadar, asumiendo que eso ya lo situaba en la categoría de “Persona de fiar”. No tuvo escapatoria, el neopreno colgado de su furgo ya lo había delatado.

Y al fin llegó la tan esperada quedada de Peces en agosto. Es nuestra temporada, y lo sabemos. Ha sido difícil entre tanto incendio que ensombrece montes y gente viajera que anda entre travesías y aventuras varias. Pero esta vez sí, tocaba conocer por fin ese rincón secreto del Burguillo del que tanto hablan en el grupo.

Para mí, la quedada comenzó un día antes entre ollas y panceta. Cocinar para mí sola me aburre, y para un montón de gente, me da miedo… Pero este Club me está cambiando. Después, como no pierdo la oportunidad de dormir en mi Guindilla (mi discreta furgoneta roja para quien aún no la conozca), puse rumbo al Embalse. Miguel también fue con la suya, y entre una ligera cena y unas risas improvisadas, terminamos grabando vídeos disfrazados de cebra para enviar al grupo. Porque ser un Pez no está reñido con ser un poco tarado.

Y amaneció, y poco a poco fueron llegando el resto de peces a ese rincón mágico que yo aún no había podido apreciar, porque la noche me había ocultado su belleza. El sol iba pintando el agua y el Burguillo se mostraba ante nosotros, esperando que fuésemos los primeros en lanzarnos ese día (pero no los únicos, recordemos que estamos en agosto).

Cuando todos habíamos llegado, cafelito y para el agua, ¡que para eso hemos venido! (a ver si os vais a creer que solo vamos por el Post). Aquí empieza para mí el momento mágico y revelador, donde las inseguridades se convierten en SEGURIDADES. Me fascina este deporte porque me permite estar sola y acompañada al mismo tiempo. Cada brazada me sumerge en un mar de dudas, pensamientos en bucle que consigo arrancar de mi cabeza y dejarlos flotando atrás. Y cuando veo que otros nadan conmigo, recuerdo que no estoy sola en mi locura.

Mi mayor preocupación últimamente es poder afrontar la Timoncap (3500 m), que será mi primera travesía. Me repito a mi misma que no voy a poder… pero mi Club me responde que sí; sin palaras, pero con hechos: el reloj de Miguel marca 3200 metros después de visitar Trágame Beach, cruzar el lago y regresar a nuestro punto de inicio. ¡Una maravilla! Para llevar tan poco tiempo, para mí es un logro inmenso.

Y por supuesto, lo que algunos consideran la verdadera motivación de todo esto: ¡el Post! Esta vez pude lucir mis habilidades culinarias, y no fui la única: aquí, si somos 8, ¡los 8 cocinamos para 8! (No me salen las cuentas). El festín fue tal que lo suyo habría sido nadar otros 3000 de penitencia, pero la mayoría salió pitando (o rodando) llamado por diversas responsabilidades. Salvo Alfonso, mi hermana, Miguel y yo, que nos quedamos un rato más… Y como Miguel y yo aún teníamos ganas de agua… ¡sumamos otros 1000!

Para despedirme, no puedo más que dar las gracias a esta gente por todas las emociones que provocan. En especial a mi hermana por hacer el esfuerzo de venir, y a Pilar, mi nueva madre adoptiva, por sus cariñosas palabras y por regalarnos esas fotos preciosas que resumen lo vivido mucho mejor de lo que podrían hacerlo mis palabras.

Cloe.

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