El pasado sábado tenía lugar una nueva edición (y ya vamos por la cuarta) del Desafío Tierra.
La actividad, organizada por la sección de carreras por montaña, supone un auténtico reto cada año tanto por la distancia como por el desnivel acumulado. En concreto, este año se proponía una ruta circular partiendo desde el puerto de Cotos y que iba a recorrer el macizo de Peñalara, ascendiendo en dos ocasiones a su cumbre y un ascenso a Cabezas de Hierro y a la Bola del Mundo para volver de nuevo a Cotos. En resumen, la ruta preveía un total de casi 50 kilómetros con 3000 metros de desnivel positivo.
La cita era, como decimos, en el Puerto de Cotos a las 5:30 de la mañana del sábado, aunque parte del grupo decidía hacer noche el viernes para evitar el madrugón. No se aburrieron, porque Luis tuvo a bien deleitarlos (a ellos y al resto de infortunados que decidieron pernoctar allí) con su música hasta las 12 de la noche. Cosa que agradecieron mucho, especialmente Abel.
Así pues, a partir de las 5:30 comenzaron a llegar los audaces que iban a ser parte del “núcleo duro” de la salida para arrancar, ya casi amaneciendo, el descenso hacia el Camino Viejo de El Paular. Un reducido y selecto grupo de ocho tierraners: Abel, Andrés, Alvaro, Dani, Fernando, Jim, José Ignacio, y Raúl iniciaban la ruta para, casi diez kilómetros después juntarse en el Collado de Citores con otra parte de la sección que decidía recortar un poco el recorrido. Así, todos juntos ya, retomábamos la ruta para hacer cumbre por primera vez en la cima de Peñalara. Ligero refrigerio e iniciábamos el rápido descenso hacia el Chozo Aranguez, en las faldas de la ladera sur del macizo para continuar con muy buen ritmo en dirección hacia La Granja para, a la altura del Raso del Pino, iniciar de nuevo el ascenso hacia el puerto del Nevero. Allí, nuevo reagrupamiento y a afrontar el siempre exigente paso por el risco de Claveles y poco después, culminar el segundo ascenso del día a la cumbre de Peñalara.
Con un buen tute ya en el cuerpo, empezaban los comentarios derrotistas: “yo me quedo en Cotos” empezaba a escucharse abiertamente. En principio eran ignorados, a la espera del paso por el Puerto y comprobar la veracidad de tales afirmaciones.
Así, tras casi treinta kilómetros y en aproximadamente cinco horas y media volvíamos al punto de salida para cerrar el primer bucle de la ruta y aprovechar para hacer una parada de avituallamiento. Melón, sandía, Aquarius, Coca Cola, donuts, frutos secos, galletitas… sentados a la sombra para recuperar fuerzas y rebajar la temperatura corporal, que el sol empezaba a picar.
Concluido el ágape, se confirmaban las primeras deserciones: Jim y Dani abandonaban. Así, difícil entrar en el podium, ya os lo digo.
Por su parte, Paloma, Patricia, Andrés y José Antonio decidían arrancar un poco antes porque “vamos muy despacio y nos vais a coger”. Bueno, no pasa nada. Todos tranquilos, que va José Antonio y no se pierde. JA!
En fin, el resto salíamos un poco después y nos lanzábamos con renovadas fuerzas a por el ascenso a Cabezas de Hierro. En esta ocasión, por una ruta diferente a la tradicional, en la que durante buena parte del recorrido contábamos con sombra y agua del arroyo que bajaba con fuerza. A más de media subida recibíamos una llamada telefónica de José Antonio. Oh, sorpresa… se habían perdido. Bueno… él dice que no, que simplemente se habían ido por otro camino. Lo que viene siendo perderse, vamos. Y para colmo, culpando a otros: “como Andrés está un poco tocado, nos vamos a dar la vuelta”. No voy a decir nada. Tenga usted amigos para esto.
En fin, mientras tanto, el sexteto que continuaba en ruta continuábamos el ascenso y llegábamos al collado de Cabezas. Ya se veía el horizonte más cercano. A partir de ahí, escisión en dos grupos: por delante Alvaro, Fernando y Raúl, que iban como aviones y por detrás, los despojos: Abel, José Ignacio y Luis. Así pues, visto lo visto y que se nos iba a hacer un poco de bola el rush final, el pelotón de cola decidíamos al llegar a la Bola del Mundo que bajarnos por el Noruego a Cotos era una gran idea. Dicho y hecho, cinco kilómetros después, llegábamos de vuelta (esta sí, definitiva) al puerto de Cotos y al tan ansiado fin de la ruta. Allí nos reuníamos con José Antonio y un rato después regresaban de su entreno de orientación Pilar y Oscar.
De Paloma y Patricia, ni rastro, oiga.
En fin, cambio de ropa, fuera zapatillas, sombra y a poner el culo en el suelo para empezar a dar cuenta del merecido refrigerio mientras esperábamos la llegada del heroico trío restante. Nos tranquilizó ver la foto que nos enviaban desde el Puerto de Navacerrada, donde decidieron hacer gasto en el bar y avituallarse de Coca Colas… aunque una hora más tarde ya empezábamos a preocuparnos.
Mensaje/llamada: “oye, por dónde vais?” Respuesta: “Hemos llegado y no hemos visto a nadie, así que nos hemos ido”. No tengo palabras para describir esto. Ellos dicen que terminaron, pero pruebas, lo que se dice pruebas… Para mí que desde Navacerrada hicieron dedo de estrangis hasta Cotos. Nunca lo sabremos.
Lo cierto y verdad es que, un año más, el Reto/Desafío Tierra fue toda una divertida aventura en la que todas y todos los participantes hicieron un esfuerzo extraordinario (los que menos, terminaron con 28 kilómetros y 1700 metros D+) en un magnífico día recorriendo lo que quizá es la zona más emblemática del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama.
Para el año que viene… ¿os lo vais a perder?
P.D: Al post hay que quedarse 🙂

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