Durante el fin de semana del 14 y 15 de junio, se ha celebrado una nueva edición del Raidarán, una prueba de aventura que combina orientación, esfuerzo físico y trabajo en equipo, enmarcada en el incomparable paisaje del Valle de Aran. Este escenario pirenaico, con sus bosques frondosos, ríos bravos y cumbres majestuosas, acogió a decenas de equipos dispuestos a vivir dos jornadas de desafío y naturaleza.
Hasta allí nos desplazamos Pilar, Óscar y Raúl, con nuestras bicis y nuestros maletones de material; y con el objetivo de realizar todas las secciones de este raid. Somos el equipo 55. Y tras el registro, ya tenemos nuestros petos, que debemos llevar en todo momento y por encima de cualquier otra prenda. Así que al lío!
La aventura comenzó el sábado por la mañana con un Rogaine de distancia media en las inmediaciones del pueblo de Bossost. Entre senderos boscosos y praderas de helechos y ortigas gigantes (gigantes porque los helechos eran más altos que nosotros) nos hemos puesto a localizar las balizas suficientes para obtener la mínima puntuación que nos permita pasar a la siguiente sección. Zona con mucha pendiente, poca senda y poquísima visibilidad. Toca navegar fino y leer bien el terreno. En dos horas resuelto.
Tras una breve pausa para reponer fuerzas (panes de leche con nocilla, plátano y mermelada de higo), llega la sección de bicicleta de montaña que nos puso a prueba tanto las piernas como la capacidad de adaptación con pendientes mantenidas de 15% durante 22km y un descenso a lo loco hasta el Refugio de Hontoria de otros tantos km (que hay que ganar tiempo leñe!). La bolsa de repuestos de Oscar salió volando en uno de los baches de la bajada, pero se recuperó hecha trizas y a seguir! Paliza de subida!
Después nos encaminamos a la zona donde se hacia la prueba de barrancos (antes más panes de leche), con el neopreno el arnés, casco, y cabo de anclaje. Sol de justicia humedad insoportable (Oscar casi muere en la aproximación). Estar a remojo nos vino muy bien. Fueron 5 rapeles en un barranco lleno de vegetación al estilo “los limones del caribe”. A lo clásico, con el ocho directo al arnés y sin nudos de autoaseguramiento, que hay que bajar rápido para no ahogarse debajo de algún chorro.
Y ahora Trekking de 1400 D+ con Tirolina por el camino. La humedad siempre presente, pero el bosque ayuda. Al llegar a la tirolina nos comunican que está anulada, que el primero en lanzarse casi se rompe las costillas contra un árbol. Así que seguimos el camino dirección a la primera Baliza. Raul se encargó de apropiarse de todas las garrapatas del camino; no dejó ni una. Tras esta baliza decidimos abortar el resto de Trekking, que se nos va el tiempo y aún quedan varias pruebas. Bajada nocturna con lluvia y a las 23h de nuevo en la furgo y a preparar la siguiente sección.
Toca bici nocturna. Parece fácil. 6 km y en teoría cuesta abajo. Mentira podrida. Al principio bajada agradable de tres km y se acabó el chollo. Una rampa de subida de 500 metros hasta la primera baliza y luego una senda estrechita con un cortado majete a su izquierda. Menos mal que era de noche y no se veía el patio.
Y llegamos a la siguiente transición (más panes de leche, que no falten). Oooootro Treking, que también acortamos para poder tener un respiro y sacar alguna hora de descanso, con lluvia intensa hasta el amanecer y algo más. Ahora frio.
La salida en bici hacia la ferrata está regulada y solo se puede salir a partir de las 7:30 (sí; del domingo) así que aprovechamos para descansar dentro de la furgo apiñados los tres junto a los bolsones de material y las neveras con comida, mientras no paraba de llover. A la hora fijada a meter en la mochila el arnés, disipador, cabo de anclaje y casco de alpinismo, que el de la bici no vale para la ferrata. Bajamos por una serie de curvas de 180 grados cada 20 metros, con las ruedas patinando en el barro, y poniendo pie a tierra más de una vez para no salir volando hasta el valle. Y luego senda que se espera sencilla. Pero nooooo; senda bloqueada y a subir pendiente arriba con la bici al hombro para buscar otro camino. Qué alegría nos dio esto!
Se llegó a la Ferrata. Otra vez a ponerse los cacharros y a subir. Fue fácil y rápido. Y bici de nuevo hasta la meta, porque nos anularon la prueba de kayac en aguas bravas, que parece que eran demasiado bravas por la lluvia continua de toda la noche.
Y por fin a meta!!! Nos recibieron con botella de cava para rociarnos entre nosotros (que estamos en Catalunya!)
Sentimos comunicar que no hemos ganado, cosa que tampoco nos sorprendió demasiado. Sobra decir que lo primero que hicimos a continuación fue meternos un jarrote de cerveza pal cuerpo; luego ducha y a comer a cargo de la organización, que nos dieron fideguá hasta que no pudimos más.
Ya se nos pasó el mal cuerpo (más o menos), y pensando en la siguiente. Nos metimos más de 70 km y cerca de 4000 metros de desnivel positivo. 27 horitas de “paseando” por el monte. Naaaaaa! (eso decimos ahora).
Pero felices de acabar, de sumar esta experiencia y de seguir aprendiendo. Hasta la próxima!

















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