El pasado viernes, el valle de La Barranca fue testigo de una de esas jornadas que quedan grabadas en las zapatillas y en la memoria. Los Fututierras Corremontes —Martina, Olivia, Leo y Clara— se reunieron con el pretexto de reconocer los recorridos de sus próximas competiciones: el Kilómetro Vertical La Barranca y el Cross de Cuerda Larga. Pero, como suele pasar cuando las piernas están fuertes y las ganas sobran, lo que empezó como un entrenamiento terminó siendo toda una épica de montaña.
El plan inicial era simple: subir hasta la Fuente de La Campanilla, punto clave del KV, para tantear las pendientes y recordar los tramos más técnicos. Sin embargo, el aire fresco, los rayos de sol filtrándose entre los pinos y ese cosquilleo que da estar en la sierra con amigos hicieron que, al llegar a la fuente, nadie quisiera dar la vuelta.
“¿Y si seguimos hasta el Collado del Piornal?” —propuso una voz, con la mirada puesta en las cumbres—. Y claro, ¿quién se resiste a esa invitación cuando tienes delante la sierra de Guadarrama desplegada como un mapa de sueños?
Así que continuaron. Las zancadas se alargaron, la conversación se entrecortaba con la respiración acelerada y el bosque iba dando paso a la roca y al cielo abierto. Al llegar al Piornal, las vistas ya eran espectaculares, pero ahí estaba, imponente, la Bola del Mundo, como una promesa difícil de ignorar. Martina miró a Olivia, Olivia a Clara, Leo sonrió, y sin necesidad de palabras, todos sabían lo que tocaba: subir.
La llegada a la Bola fue una celebración sin dorsal: fotos, y esa sensación inigualable de haber llegado un poco más lejos de lo previsto, con las piernas ardiendo y el alma ligera. Pero aún quedaba bajar, y para eso eligieron el clásico y directo descenso por la tubería, un tramo que combina técnica, velocidad y muchas risas entre resbalones y gritos de “¡que voy!”.
Al final, casi sin darse cuenta, habían enlazado parte del KV, un buen tramo del Cross y una cima icónica, en una tarde que fue mucho más que un reconocimiento: fue una declaración de amor por la montaña, por el equipo y por esas decisiones improvisadas que llevan a las mejores aventuras.
Los Fututierras Corremontes no solo están listos para competir, están hechos para disfrutar. Y el viernes lo demostraron con creces.
¡Nos vemos en las carreras!


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