Raúl Regaño

Travesía Cervera de Buitrago. 23 Junio.

1 julio 2024

Esta historia arranca en el mes de Febrero – Marzo, cuando alguien de un grupo de aguas abiertas, anuncia una travesía de 7km en Cervera de Buitrago. Sin nada de preparación pero con mucho entusiasmo, decidimos apuntarnos Alfonso y yo. Una vez que nos registramos, Ana nos llama unos “calentaos” y ella misma decide también apuntarse a la aventura.

Nos queda unos meses por delante para poder entrenar y preparar la carrera.

A las pocas semanas de la travesía, me doy cuenta que es Campeonato de España.

La noche anterior a la prueba, me encuentro visualizando la carrera, decidiendo si llevar neopreno o no, cambiar a 3 kms en lugar de 7 kms, llevar geles y agua por si me da una pájara en medio del pantano, un sinfín de dudas que no tienen respuesta hasta el día siguiente.

Cuando la noche está en calma y no hay un alma en la calle. Recojo a Alfonso y a sus hijos Emma y Bruno, que para mi son los verdaderos campeones del día. Con cara de sueño por las horas (5:50 a.m), se instalan en la parte posterior del coche y retoman el descanso con los ojos cerrados y las cabezas tiesas hacia atrás como dos estatuas sin moverse. En busca de nuestra siguiente nadadora, recogemos a Ana. Ella sonriente como siempre me guía con su GPS hacia la sierra norte con destino a Cervera de Buitrago.

Una vez en el pueblo, recogemos lo dorsales y nos reunimos todos los nadadores en el embarcadero principal. El ambiente es impecable. Se juntan numerosos grupos de clubs de natación. El nivel que se aprecia es alto, salvo algún amateur principiante como el que escribe esta historia.

El fuerte viento hace que las boyas de guía y dirección se vayan de su sitio y obliga a la organización a retrasar la prueba casi una hora.

Una vez todo mas o menos preparado, dan el pistoletazo de salida y comienza el paso por la línea de salida, para la lectura del chip ubicado en el tobillo. Se escucha una pequeña orquesta de pitidos cada vez que pasamos por dicha línea.

El agua está a 19.5 grados, lo que permite a los que vamos con neopreno estar muy cómodo. El fuerte oleaje hace mover de nuevo las boyas y a los 500 metros de la orilla, nos encontramos todos los nadadores en medio del pantano esperando al anclaje de la boya. De nuevo dan pistoletazo desde una barca y recomienza la travesía hasta siguiente punto de viraje.

Poco a poco se va distanciando la gente y me encuentro prácticamente sólo junto con mis pensamientos. Decido ir lo más tranquilo posible con la finalidad de disfrutar de la natación y economizar energía. Nunca he nadado más de 2 horas y no sabía como iba a responder. Con el movimiento rítmico de la brazada junto con la respiración, acompañan a una especie de trance donde la mente se para y lo que hago es disfrutar del momento único. Son sensaciones que me vienen cuando hago tiradas largas, ya sea corriendo, nadando o en bicicleta.

Alcanzo a las 2 horas el avituallamiento y veo que me he despistado demasiado, ya que parece que voy el último. Me tomo un gel y un isotónico que me saben a gloria y retomo los últimos 3 kilómetros. Empiezo a centrarme en alcanzar a alguien que veo por delante. Me acuerdo de Alfonso y Ana y me preguntó por donde irán. Deseando que estén disfrutando como yo.

Cuando por fin alcanzo la meta, me espera la medalla conmemorativa y los aplausos de mis compañeros de Travesía.

Como no podía ser de otro modo. Decidimos una vez vestidos, dirigirnos al coche para sacar todos los embutidos, quesos, empanadas y bebidas de todo tipo. Con manta sobre el frondoso césped, nos instalamos y comentamos las anécdotas varías de la prueba.

Cada Travesía se vive 4 veces. La primera es cuando la piensas, la segunda es cuando la preparas, la tercera cuando la realizas y la cuarta cuando la recuerdas. Todas y cada una de ellas son únicas.

La vida no se mide en segundos, se mide en todas esas veces que vives sin pensar en un reloj.

Philippe

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